06/01/2021 -  3 minutos de lectura Por Sofía Palomero

En los años 80 la televisión era el centro del entretenimiento de los hogares, toda la familia nos agrupábamos en torno a ella. En mi casa, a la hora de la sobremesa, era común ver documentales sobre la naturaleza. En mi caso, al contrario que mis acompañantes que optaban por dormir, me mantenía muy atenta a los movimientos de los animales y proyectaba distintos sentimientos desde la mirada de una niña. Recuerdo bien que, cuando aparecía un antílope, mi sensación era de fragilidad, inocencia y ternura y, si aparecía un elefante, grandeza, seguridad y fortaleza. 

Años más tarde y aunque David Birch hiciera la calificación de empresas en animales antes de que yo naciera, tuve la oportunidad de leer sus teorías por la infinidad de artículos sobre emprendimiento que aplican su conocimiento. Para el economista, los elefantes son grandes multinacionales, organizaciones potentes, seguras y con capacidad para aunar recursos pero que sufren rígidas estructuras. Las gacelas, en cambio, son empresas pequeñas, inciertas y vulnerables pero gozan de gran agilidad para innovar y consiguen resolver desafíos a una velocidad inalcanzable para los paquidermos.

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Resulta curioso como en África muchos animales se ven obligados a cambiar de hábitat durante la estación seca. En estas migraciones, los elefantes andan hasta 100 km, reducen el tamaño de sus órganos digestivos y utilizan nuevos recursos como cubrirse de lodo para soportar las altas temperaturas. Además, la manada es orquestada por una hembra veterana e incluso, son capaces de transmitir el conocimiento a su prole. En resumen, se produce una habituación al nuevo contexto a pesar de su pesada morfología con el fin de sobrevivir. 

Marcas que persiguen sueños: si ayuda a las personas, ayuda a los negocios

En la actualidad, al igual que la sequía en la naturaleza, el COVID19 ha interrumpido la dinámica del zoológico de las multinacionales, rompiendo todas las previsiones y forzando a que todos los integrantes del ecosistema organizacional deban buscar una solución adaptativa de gran escala. 

Siguiendo con las analogías del mundo animal, esta nueva realidad rescata con más fuerza las teorías de la selección natural de Charles Darwin. Una vez más no sobreviven las especies más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio. 

En la lucha por la supervivencia, las empresas están mutando gracias a activar nuevos mecanismos de forma instintiva alrededor de tres grandes ejes: el pensamiento en grupo para la resolución de un problema común, la protección de la manada y la transformación:

  • El pensamiento en grupo para la resolución de un problema común fortalece la capacidad de cooperación. De forma más o menos acertada, son muchas las empresas han puesto sus ventajas competitivas al servicio de otro propósito mayor durante este tiempo, contribuyendo con su esfuerzo operacional. Este trabajo sirve para colaborar en una solución global aportando a todos los stakeholders más allá de los beneficios corporativos.
  • La protección de la manada alude al cuidado del equipo. En este periodo las compañías, más allá de marcas únicas, se han presentado como un grupo de personas con un objetivo común. Los trabajadores por su parte, han arrimado el hombro para que el barco no se hunda refugiándose en sus organizaciones, mientras que los empleadores han sido más conscientes que nunca que el verdadero valor reside en las personas que conforman los equipos, priorizando en muchos casos la seguridad y la protección del empleo.
  •  La transformación conlleva un cambio no solo a nivel de paradigma mental sino además a nivel conductual: la pandemia nos ha puesto delante muchos obstáculos y solo es posible superarlos trabajando la flexibilidad para adaptarse a las nuevas circunstancias. Uno de los ejemplos más evidentes sería el nuevo uso de la tecnología y el teletrabajo.

En conclusión, en esta situación tan extrema, en la que a la crisis sanitaria se le une una crisis financiera de dimensión y duración todavía desconocidas, son las empresas más conscientes de su entorno y capaces de solventar de forma más ágil las necesidades de sus grupos de interés, quienes saldrán reforzadas y se posicionarán como aliados confiables y relevantes. Vencer la batalla es en esencia, una cuestión de valor, entendimiento y por supuesto, mucho esfuerzo.

Nota del editor: Esta columna fue publicada originalmente en Ultravioleta Colombia