30/01/2020 -  2 minutos de lectura Por Victoria Corral

Siguiendo los hallazgos del III Estudio de Marcas con Valores, el 75% de los expertos encuestados declara que el reto más presente en su plan de marketing son las nuevas exigencias del «consumidor consciente». 

Ante un mundo de encrucijadas, el impacto de compra se posiciona sobre la propiedad.  El hiperconsumismo, la emergencia climática, la desigualdad y los desafíos de la disrupción tecnológica son quienes están en el top of mind de nuestro consumidor, no las marcas. Al menos aquellas que no tengan claros sus valores.

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En paralelo, el estatus material del consumidor va perdiendo relevancia ante un status post material, mucho más relacionado a las experiencias que a los productos y servicios en sí. La transaccionalidad migra hacia una manera más humana de relacionarnos. La compra se hace aliada del compromiso.

 A un 44% de los ciudadanos le interesa y busca información sobre los compromisos ambientales de las marcas, al 34% le interesa si las marcas se preocupan por su entorno cercano, al 33% si promueven la igualdad y la diversidad entre sus trabajadores y al 31% si apoyan a la cultura, la educación o el deporte.

La sostenibilidad ya está en las decisiones de compra del consumidor. El 60% de los ciudadanos consultados por Marcas con Valores reconoce que, cuando compra barato, asume que ese producto está fabricado bajo condiciones no responsables ya sea medioambiental o socialmente.

Los consumidores de hoy buscan un impacto más profundo, duradero y trascendente de sus compras. Esta realidad le plantea el desafío extra a las marcas de extender la relación con el consumidor después de la compra, pero… ¿de qué manera?.

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Ante el debilitamiento de la tradicional segmentación demográfica y un consumidor que se autodefine más allá de las variables tradicionales, hoy tenemos que preguntarnos: ¿a qué comunidades pertenecen? ¿qué es lo que los reúne y, lo más importante, qué beneficios les aportamos en ese encuentro?

Alcanzarlo no será fácil. La abrumadora conectividad tecnológica está exigiendo a las marcas resguardar las necesidades y deseos humanos básicos, como el bienestar físico y mental.

El camino es hacer la marca más humana, porque la brecha entre ese mundo corporativo inocuo que hemos creado, y los consumidores maduros que desean posiciones y experiencias genuinas, nunca ha sido tan grande.  

Adoptarán marcas con significado y carácter; que sean abiertas, honestas, comprensivas y, lo más importante, que representen algo.