08/05/2020 -  8 minutos de lectura Por David Gutierrez

Nota del editor: Esta columna fue publicada originalmente en Medium.com, el 7 de abril de 2020.

Con alguna ínfula de vidente, y de experto en política internacional, he querido redactar algunas ideas sobre lo que me parece que será el mundo de los negocios y la geopolítica post coronavirus. Sin duda, antes de que encontremos una vacuna, el mundo será regido por un nuevo normal muy distinto a lo que veníamos viviendo antes del virus.

La gran duda es, si una vez que exista la vacuna, nos volveremos a comportar de la misma forma como hace unos meses. En todo caso, el coronavirus es el evento socioeconómico y geopolítico más importante desde la segunda guerra mundial y sus efectos, así como el de los rebrotes, nos cambiará para siempre de muchas formas.

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Algo curioso que debemos resaltar es lo poco preparado que estaba el mundo para lidiar con esta pandemia. Y es curioso, porque por años se ha venido pronosticando, desde revistas de política internacional y salud, hasta en charlas TED, discursos de presidentes y películas de Hollywood.

Inicio este atrevimiento:

China: las empresas globales perderán interés por depender solamente de una geografía, sobre todo de ese tipo, a pesar de que ésta reduzca sus costos. Además, es muy probable que con el alto desempleo que la crisis generará, las naciones de occidente vayan a ofrecer una serie de incentivos muy generosos para que las empresas que fabricaban y operaban fuera de sus fronteras, regresen a “casa” a generar empleo. Alternativamente, algunas de las empresas que hoy día operan en China, podrán buscar alternativas complementarias en países más cercanos a sus consumidores y que genere más confianza, con mayores garantías legales y mejores sistemas de derechos humanos.

Como resultado, la importancia geopolítica de China no desaparecerá, pero se reducirá.

Más regionalización y menos globalización: aunque la globalización de la economía ha permitido un nivel de comercio internacional y de riqueza nunca visto antes, la deslocalización de los centros de manufactura para reducir costos genera muchos riesgos. Un exceso de liquidez de bajo costo permitirá compensar el posible aumento de operar en países más caros. Se vivirá una reindustrialización de Europa y Estados Unidos, debido a los problemas en las cadenas de suministro que están sufriendo en estos momentos muchas compañías.’

La filosofía del make it where you sell it predominará. Las empresas tendrán que tomar en cuenta que, aunque los costos pueden aumentar, la diversificación del riesgo geopolítico y la cercanía a la región en donde se producen sus ventas y están sus consumidores, es más importante. Muchos países volverán a fabricar local o regionalmente productos esenciales, como medicamentos y mascarillas, o alimentos.

Trabajo virtual: muchas personas han podido constatar las enormes ventajas que tiene el trabajo remoto y la virtualidad, por lo que las empresas probablemente disminuyen el área de sus oficinas. Los trabajadores virtuales han podido disfrutar de las ventajas que tiene reducir el tiempo en el automóvil y aumentar el tiempo en familia. Otro sector que será impactado será el de los viajes de negocios, incluyendo no solamente los boletos aéreos más caros de las aerolíneas, sino también los hoteles y centros de reuniones.

Por otra parte, está comprobado que el trabajar de forma aislada resulta frustrante pasado cierto tiempo, y tiene un impacto en la creatividad e innovación de los trabajadores. Es muy probable que veremos un auge de los centros de co-working, sean estos independientes o parte de una misma empresa. Ahí el tema será el respeto del distanciamiento social, por lo que la necesidad de espacio para este tipo de escritorios será mayor al que tienen hoy día.

Igualmente, al estar trabajando más en casa, habrá una mayor necesidad de recursos tecnológicos como ancho de banda, software de comunicación y equipo. El trabajo virtual también aumentará las necesidades de mensajería, incluyendo la de entrega de comida a domicilio.

Educación virtual: Antes de que aparezca una vacuna en el mercado, es muy probable que el tamaño de las aulas tenga que dividirse por la mitad, sea porque un grupo va en la mañana y otra en la tarde, o porque un grupo va un día y otro al siguiente. Esto generará un importante aumento de costo en la educación.

Finalmente, el mercado ha experimentado las enormes ventajas de los webinars y de los cursos a distancia. Los MOOCS (massive online open courses) serán cada día más populares y accesibles.En general, la virtualidad tanto en el campo laboral como educativo permitirá un descanso al planeta. Habrá menos necesidades de transporte público o privado, de combustible y de estacionamientos.

Más global mobility: ahora más que nunca las personas estarán interesadas en explorar la posibilidad de reubicarse en lugares que sean más baratos, con mejor sanidad pública y con mayor seguridad física. Mientras no aparezca una vacuna es muy probable que vendrán rebrotes del coronavirus, por lo que las personas buscarán la opción de trasladarse a lugares donde la cuarentena involuntaria, cada vez que aparezca, no sea tan tortuosa.

Ante los cierres de fronteras extranjeros y una actitud mucho más nacionalista, xenofóbica y egoísta, la opción de buscar segundas o terceras nacionalidades, o permisos de residencia o de trabajo en otras latitudes del mundo, cobrará mucha importancia.

Menos libertades civiles: Ha aumentado la tendencia de reducir libertades civiles, por medio de la afectación de la libertad de tránsito y la libertad de expresión. Otros gobiernos han tratado de obtener mayor poder para sí mismos. También hemos visto un importante aumento del poder de vigilancia, en donde en Europa se está tolerando una intervención en la privacidad de los ciudadanos a cambio de proteger la salud.

Para peores, de alguna forma, se ha privilegiado y admirado la forma en la que estados autoritarios han lidiado con la crisis, olvidando que, en democracias abiertas y regímenes de libertad individual, es mucho más difícil controlar a masas acostumbradas a una vida social muy activa.

Calificado vs esencial: La sociedad civil adquiere mucho más poder y relevancia. Trabajadores no calificados, como recolector de basura, agricultor, cajero de supermercado y repartidor de comida y paquetes se convierten en esenciales. Por otro lado, algunos calificados, se convierten en no esenciales, así como muchos que se dedicaban a labores de entretenimiento o muy superficiales. Probablemente nos vamos a mover a una división entre esenciales y no esenciales.

Esta nueva clasificación deberá tener un importante efecto de la compensación y reconocimiento para los esenciales. Los estados deberán fortalecer sus plataformas educativas para facilitar los estudios en carreras técnicas y ofrecer garantías laborales y de compensación para esas labores.

Más estado, mejor gobierno: el tamaño de la presente crisis ha convertido en esencial e indispensable la participación del estado en su solución. Además, la lentitud y mala gestión del multilateralismo ha puesto de nuevo de manifiesto la importancia que tiene el estado como ente individual: crece la desconfianza en la Organización Mundial de la Salud y hay dudas sobre la verdadera unidad de la Unión Europea. Aunque el tamaño y la importancia del estado aumentará, también lo hará el aprecio por la institucionalidad y la buena gobernanza.

La crisis sanitaria, seguida por la crisis económica, evidenciará con datos objetivos la importancia de tener gobernantes serios y responsables, además de contar con instituciones sólidas y estado de derecho. Estados que ya estaban siendo gobernados por políticos irresponsables y populistas tendrán abusos de poder, de violación a la privacidad, de falta de transparencia y de democracia. En esos países, esos poderes que se habilitan y suenan razonables en el momento, luego se emplean con otros fines que nada tienen que ver con la seguridad sanitaria.

Menos riqueza, más pobreza: la crisis debilitará el capitalismo. Por un lado, en el mundo se reducirá la riqueza: los productos de ingresos brutos de los países caerán abiertamente, en algunos casos hasta un 20%. Habrá una reducción de los salarios y de los dividendos de las empresas, que en su gran mayoría reducirá el volumen de ventas. Antes de contar con una vacuna, las regulaciones para proteger la salud encarecerán ciertas actividades como viajar, ir al gimnasio, a comer, al cine, etc. El mundo experimentará un regreso de unos 20 años, en términos de consumo y ocio.

Por otra parte, el desempleo también aumentará dramáticamente, generando un aumento de la pobreza a más de 500 millones de personas. Retomará importancia el concepto de un salario único universal, que los gobiernos populistas aprovecharán para chantajear políticamente a las clases más pobres. Por otro, los gobiernos responsables lo utilizarán como un mecanismo efectivo para poder controlar la pobreza y generar consumo para hacer crecer las económias. El mayor desarrollo de productos de inteligencia artificial y automatización de procesos generará todavía mayor desempleo y pondrá en el centro del debate internacional la necesidad de esa compensación universal.

Será esperable contar con revueltas sociales y un aumento de la delincuencia. La desigualdad aumentará en general, pero sobre todo los países de menos recursos. Esa desigualdad, genera frustración y de no ser controlada podría generar el crecimiento del populismo.

El gran ganador con un menor consumo será el planeta. 

Menos interacción social: antes de contar con una vacuna, la industria del ocio y restauración será enormemente afectada, no solamente porque tendrán que disponer de medidas de distanciamiento social y menor densidad en el aforo, sino que el público tendrá menos recursos disponibles para gastar en entretenimiento. Vivir en ciudades ricas en cultura y gastronomía se volverá irrelevante, pues son altamente densas. Igualmente, esto podría generar un impacto en el precio de los apartamentos pequeños en ciudades otrora bulliciosas social, gastronómica y culturalmente.

Aunque evidentemente después de que contemos con una vacuna para el coronavirus esta situación puede cambiar, habrá que ver cuántos negocios quedarán vivos. Igualmente, los grandes centros comerciales y tiendas tenderán a desaparecer, pues los consumidores comprarán menos cantidad y más apoyados en plataformas en línea.

Mayor desarrollo de inteligencia artificial, automatización y digitalización: con la reducción de la interacción social, aumentará la dependencia de las máquinas. Con ello, aumentará no solamente la importancia de la privacidad de la protección de datos, sino del desarrollo de herramientas tecnológicas para la automatización y la inteligencia artificial. Igualmente, la ciberseguridad será más relevante.

Mayor importancia de las empresas de limpieza y farmacéuticas: evidentemente, las empresas que se dediquen a la fabricación de productos de limpieza y farmacéuticos tendrán un crecimiento importante. Igualmente, las empresas que se dediquen a la limpieza y desinfección. Los departamentos de investigación y desarrollo para encontrar una vacuna aumentarán sus presupuestos y querrán hacer pruebas en humanos.

Estas palabras son solamente un intento de predecir el futuro en un contexto de alta incertidumbre sobre la vida que nos espera en materia de consumo, inversión, comercio y crecimiento. Adicionalmente, nos encontramos en medio de un profundo debate sobre si las proyecciones son correctas, las medidas de confinamiento han sido efectivas, o si la medicina es peor que la enfermedad.

De algo podemos estar seguros: el Coronavirus llegó para quedarse, al menos en el plano cultural.